Que bonita es.
Que bonita es.
Luce como una gacela saltarina que no puede estar quieta en un solo lugar.
Sus ojos color caramelo, lo observan todo y a la vez nada.
Sus ademanes, aducen a los semicìrculos que delinea en los espacios de un escaparate en el regazo de la invenciòn que no sabe.
Sus cabellos adornados con diez diminutas trenzas, o su aveces vincha de hebras tornasoladas, hacen de àgape infantil de su maquiavèlico devaneo frente al espejo de sus pasos.
La sonrisa zigzagueante, es el ritual de las danzas de las còpulas tempranas, mucho antes del estìo.
Los atuendos ceñidos a la delgadez de su cuerpo, funciona en tèrminos de fìsica con la ley de los lìquidos (dulce liquido); liquido de dioses para algùn mortal imbècil. - Que ironìa tan cruel!
Su piel blanquecina con diminutos puntos, se asemeja a bizcochuelos que adornaban al desierto en tiempos de los antiguos.
El lirismo de su voz de cartulina, escapa pronto del vil oìdo que estimulamos a evocar con alcohol en noches de felonìas.
Y sobre el tablero de asfalto y aceras cotidianas, su espigada figura de alfil, busca el reflejo en vidrios casuales que enmarcan su ego aprendiz.
Con apenas diecinueve veces doce meses de luz que congenia su gracia que responde a Cecilia.